SUSQUES, un día de febrero…

      Siempre nos llegábamos hasta Salinas Grandes, con el tiempo justo para las fotos obligadas y pegar la vuelta  mientras el sol descendía a nuestras espaldas. Hacer un alto para tomar mate no era posible porque la sombra a esa altura es igual a viento y frío.      

 

Pero esta vez sería distinto, salimos temprano por la mañana de Purmamarca y cuando llegamos a Salinas el temporal de lluvias previo a esos días nos regaló un paisaje de ensueño.

 

 

Un espejismo de agua reflejaba en ellas las herramientas bostezando un sueño reparador, luego del crudo invierno de trabajo. Mesas y asientos de sal flotaban en la superficie, mientras un Chañi nevado hacia de cortinado… de un teatro sin actores.

 

Continuamos viaje, dejando atrás sal y agua, avanzando por la meseta ahora de tierra árida. Llegamos a Susques, recostado en los cerros uno de ellos nos reza… Pórtico de los Andes.  Entonces reflexiono sobre la altura y la distancia que en forma permanente acompaña al lugareño, y yo aquí me llego en la comodidad de un auto con aire para registrar imágenes como postal.

        Se me arrebata el corazón en una mezcla de respeto y vergüenza. Una vecina me cruza y regala un “buen día” y yo contengo las ganas de revolear la cámara de fotos, para alcanzarla y en un fuerte abrazo agradecerle por su clase de patria.

 

Dos cuadras… tres… en búsqueda de su famosa iglesia y un racimo de bulliciosas voces de niños me salen al cruce por una ventana, entonces una nueva reflexión. Es mes de febrero… estoy de vacaciones pero aquí los niños están en clases porque es la época del año que el tiempo les permite llegar hasta la escuela.

          Estoy frente a la iglesia y no me sorprende… he visto varias fotos de su exterior, pero al ingresar… Culpe la molestia que sentí en los ojos al cambio de luz… pero no… era la humedad que produce la emoción. Cuantos años dicen los libros?!!!… por el 1598? es decir más de tres siglos!!!

         Y me pregunto… ¿cuándo cruce el umbral del tiempo?

         Las paredes irregulares de adobe, las aberturas internas cual tajo en el barro y luego cubiertas con pinturas de flores, pájaros y santos. Busco los pinceles y los tarros de raíces machacadas… colores inalterables. No han de estar muy guardados… acaso, cuantos días hace que terminaron el trabajo?  Tres días… tres meses… tres siglos!!!      

          No puedo regresar sin agregar esta reflexión… en la construcción de la Iglesia Ntra. Sra. de Belén de Susques se usaron ladrillos, barro, paja, madera, arte cuzqueño, le coronaron con campanas de Chuquisaca… pero el ingrediente más valioso… el que la trajo inalterable a nuestros días… el que la preserva al futuro… es el infinito AMOR de sus fieles.

 Texto y Fotografía: Patricia Tilio de Baspineiro

 

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