Recuerdos de NOCHE DE TANTANAKUY´88

Tantanakuy (palabra de origen quechua que significa «encuentro» de unos con otros) es una reunión de fiesta, alegría y música; sin fines comerciales ni competitivos y con el objetivo de potenciar las manifestaciones culturales que fortalecen la identidad cultural, regional y el intercambio de saberes.

El encuentro es en Humahuaca, en la escalinata del Monumento al Indio… como atrevidamente han re-bautizado los porteños al de los Héroes de la Independencia, siempre en el afán de simplificar… abreviar vocablos ahorrando tiempo para malgastar quién sabe dónde.

Los hospedajes completos esquivan la noche de sueño de los niños. Los niños si… porque los adultos veremos amanecer al pié del monumento, frente al escenario en cuyo armado van los últimos detalles. El hotel Provincial nos brinda asilo y abre sus puertas armando camas  en el salón comedor.

El sol comenzaba a perderse y la luna asomando nos encuentra buscando localidad bajo las estrellas. El espectáculo promete ser imperdible, es el encuentro esperado todo el año para aquellos a quienes las luces de la gran ciudad le son esquivas. Así de los cerros bajan con su cajita, su quena… su erkencho… para entonar sus coplas o los versos de algún tema antiguo de esos que se trasmiten de padres a hijos, de esos que se silban mientras pastan los rebaños.

El escenario se ilumina y unos sikus gigantes coronan el fondo. El esfuerzo y cariño de los organizadores se trasluce en el armado del espectáculo. Don Fortunato hace sonar el erke dando comienzo al  desfile de grupos y solistas respetuosamente presentados por el conductor. Y la timidez del principiante se diluye cuando al sonar de los primeros acordes la gente acompaña con entusiasmo.

Los vasos de chicha y las hojas de coca se convidan sin mezquinar, porque el frío se hace sentir en la noche de la quebrada. La música también ayuda aumentando la temperatura del alma, pero nada de esto sirve cuando del sueño de los niños se trata. Entonces con mi esposo nos alternamos para acompañarles en la habitación improvisada del hotel.

Pasada la media noche es mi turno con los niños. Una voz muy dulce arrulla mi sueño y lamento no poder disfrutarle al frío de la escalinata.  Al despertar pregunto por esa dulce vos en la duda de que haya sido un ángel… pero no… un grupo toba había sido, o debería decir un ángel llamado Silvia Barrios y acompañado por indios tobas.

Espero con ansias la llegada del próximo encuentro al año siguiente. Pero esta vez no quiero perderme nada y dispuesta a ver el amanecer junto a los músicos, los niños quedan a cargo de la abuela. Con mi esposo cargamos mate, camperas y varias frazadas. Nada va a interrumpir nuestra noche de éxtasis en la escalinata a espalda del monumento “al indio”.

Nada…pero sí… alguna desavenencia comenzaba a traslucirse y el espectáculo terminó mucho antes de la salida del sol. Entonces como paliativo nos avisaron que la música continuaría en la Peña de Don Fortunato, inaugurada por esos días. Y allí fuimos con la garganta expectante por seguir desentonando algún que otro tema.  Y en lo mejor que todo comenzaba a rearmarse llegó la policía. El local aún no contaba con autorización para espectáculo musical en vivo… y nada ni nadies convencería a la ley de lo contrario, vale situar los hechos fueron en Humahuaca… no Buenos Aires!!

Así mi segunda y última oportunidad de disfrutar del Tantanakuy. Terminamos esperando el amanecer, escuchando un casete dentro del Renault 12 estacionado en una estación de YPF a la entrada de Tilcara.

De esto que cuento han pasado una veitena de años, se ha transformado en una deuda pendiente la que no pierdo las esperanzas de saldar cuando los organizadores se reencuentren para ello. Porque el espectáculo era un maravilloso espacio para el encuentro con nuestra gente y su querencia… música, poemas, canto… corazón y vida!!!

Letra y Fotografía: Patricia y Pablo Baspineiro

 

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